jueves, 14 de septiembre de 2023

NOTA INFORMATIVA, MANDIL Y SANMAI

NOTA:

   Muy buenas, después de darle muchas vueltas y valorar cuales son mis fortalezas y debilidades, decidí aceptar que las redes sociales no son lo mío, así que voy a recuperar el medio original de comunicación de mi trabajo, el blog. No abandonaré los canales modernos, intentaré usarlos para desviar a la gente a esta web, pero mis esfuerzos pasarán de intentar conseguir visualizaciones, seguidores y comentarios a crear contenido un poco más extenso y quiero pensar que de mayor calidad.

   Muchos dan por muerto este formato, la gente no lee, la gente no tiene paciencia… suelen argumentar, y tienen razón si el objetivo es llegar a grandes masas sociales, pero si lo que se busca es llegar a un pequeño grupo de gente que sigue un tema tan minoritario como la cuchillería, resulta que sí es una herramienta adecuada. El blog permite a su autor explayarse en el relato de sus ideas o en las explicaciones que requiere su trabajo, con la certeza de saber que el que accede a un blog lo más seguro es que no tenga reparos a la hora de ponerse a leer.

   Así que este es el nuevo plan, cada día que vaya al taller, que últimamente son pocas veces, intentaré crear una entrada en este blog relatando y explicando mi actividad como artesano cuchillero. Habrá días en que los que me olvidaré, otros en los que la actividad sea tan monótona y repetida que no merezca la pena comentarla, pero se trata de un blog personal, así que me esforzaré en intentar transmitiros mis vivencias como cuchillero lo mejor posible, aunque técnicamente muchas no resulten trascendentes.

   Empiezo…

 

 

   Es bastante habitual que los artesanos tengamos que gastar parte del tiempo disponible para trabajar en tareas de mantenimiento de herramientas, útiles y demás material que se utiliza en el taller. Según como se den las averías hay veces que no es poco y puede tenerte en el dique seco durante muchas jornadas, no es el caso de lo que me tocó hacer ayer.

   Ya hacía tiempo que estaba demorando la modificación del único mandil que tengo que me resulta cómodo usar, fue un regalo de mi mujer y destila calidad mires por donde lo mires, pero calidad no siempre está ligada con funcionalidad y una mala elección de los elementos de sujeción provocaba que se soltase del cuello en el momento menos esperado.

   Tras unos minutos pensando en si poner corchetes o sujeciones más grandes decidí mantener el estilo original y optar por lo segundo. No tiene mucho misterio, se trata de desenroscar un par de tornillos y colocar los elementos nuevos, pero como todo, si lo quieres hacer bien lleva su tiempo. Por suerte no llevaban adhesivo en la rosca y todo fue fácil.

   Os dejo unas imágenes.

 


 






Aquí podéis ver la diferencia de tamaño


 

Ya estaba listo para ponerme a currar


   Los mandiles de cuero son un elemento de protección típico de la herrería, no tanto de la cuchillería ya que en gran parte del proceso de creación de una herramienta de corte resultan incómodos, pero desde hace un tiempo me estoy obligando a usarlo, por lo menos cuando voy a utilizar la amoladora o la fragua. No son pocas las veces en las que he visto arder camisetas o pantalones por no llevarlo y no estamos para andar tirando ropa por no poner el mandil.

 Aclaración: con mis publicaciones no pretendo sentar cátedra sobre el tratamiento térmico o trabajo de los aceros, solo son el relato de mis experiencias y opiniones como artesano. Para tener datos objetivos y contrastados se debe acudir a bibliografía y autores académicamente autorizados.

   Hace un par de días caldeé un par de paquetes de acero sanmai (ya sabéis, la traducción del japones supuestamente es “tres capas”) A modo de resumen rápido, por si hay por aquí alguien nuevo, se trata de soldar en fragua (como dicen en forjado a fuego) tres piezas de acero o acero/hierro. Un mismo metal en los laterales y acero para la parte central o núcleo que hará la función de filo. Esto permite durezas muy altas manteniendo una buena tenacidad, y dejo una pequeña definición que encontré en internet de qué es la tenacidad, ya que hay mucha confusión al intentar usar este término.

 

“Tenacidad: La tenacidad en los aceros, es la capacidad que tiene el material de deformarse plasticamente y absorber energía antes de fracturarse, generalmente cuando está sometido ante esfuerzos de impacto”

https://www.cga.com.co/blog/principales-propiedades-metalurgicas-del-acero/

  

   No solo se trata de buscar una mayor tenacidad, más bien esa tenacidad es resultado del porqué real de esta técnica tan usada en la cuchillería de todo el mundo desde hace siglos. Pero habrá tiempo para hablar de eso en otro momento.



   El tema es que hacía tiempo que no caldeaba un sanmai inox/carbono, laterales de acero inox y núcleo en acero carbono. Y he de reconocer que albergaba ciertas inseguridades. Para la ocasión elegí acero inox 420 y acero C130 (usado en navajas de afeitar). Una buena combinación, ya que con este acero tenemos la suficiente cantidad de carbono (1,2 - 1,3%C) como para no temer por una descarburación excesiva del núcleo por la migración del mismo a consecuencia del proceso de caldeo y forja, pero a su vez me acota mucho los márgenes de temperatura de trabajo que marcarían el éxito o fracaso del proceso de caldear. Como tenía dos paquetes decidí hacer un pequeño experimento relacionado con el enfriamiento posterior a la sesión de forja.

   No es raro encontrar artesanos que presentan grietas en los núcleos de sus sanmai (con la consecuente pérdida de tiempo y materiales) En aquellos casos en los que el caldeo se hace en el taller este fallo suele estar relacionado con las temperaturas de forja/caldeo (fusión parcial del núcleo por ejemplo) y sobre todo con las velocidades de enfriamiento posteriores. Hay que entender que estamos juntando en una misma pieza dos metales diferentes que muchas veces tienden a endurecerse a temperaturas y con velocidades de enfriamiento muy dispares. Las tensiones generadas entre metales en enfriamientos relativamente rápidos como puede ser el aire ambiente para los inox, pueden llevar a la aparición de grietas y fracturas. Para evitar esto se suelen utilizar diferentes métodos para evitar la rápida bajada de temperatura del paquete de acero recién forjado, como son enterrar la hoja en vermiculita, en ceniza, en arena… Pero en contra de la creencia popular estos métodos de retrasar el enfriamiento no son tan eficaces como se piensa.

   Vamos a la pomada, tras el caldeo de los sanmai y después de una mínima forja, enfrié los paquetes hasta unos 550º C (controlando con el pirómetro) después los calenté y dejé una hoja enterrada en vermiculita y otra quedó enfriando en el horno eléctrico que estaba precalentado a 840ºC. Al cabo de dos días, cuando pude volver a pasar por el taller, inicié las comprobaciones oportunas de ambos paquetes. Mi método es sencillo, corto la punta y la lijo un poco, si esa sección está bien, en mi caso y según mi experiencia el resto no suele fallar, pero si la punta esta mal, casi con toda seguridad el resto (o parte) lo estará también y ya ni me molesto en seguir forjando la pieza o gastar valiosos recursos (abrasivos y discos) para seguir verificando el resto del caldeo. 

Puntas cortadas con la amoladora

Resultado tras pasar por la lijadora a grano 40

 

   Muchos piensan que el enfriamiento en vermiculita o ceniza desde una temperatura adecuada les llevará a obtener una pieza con un recocido de regeneración, sobre todo en aceros que precisan un enfriamiento tan rápido como el C130, pero no es así. Para “demostrarlo” (quiero poner un gran énfasis en las comillas) sometí las dos piezas a un ataque ácido con Nital (alcohol + ácido nítrico) y así poder apreciar la estructura macroscópica del acero del núcleo. En una vemos un “grano” grosero típico de los aceros con recocidos de regeneración y en el otro la habitual estructura “fina” de un acero normalizado.

Izq. Horno eléctrico y derecha vermiculita
 

   Por tanto tendremos que tener en cuenta que el enfriamiento en estos materiales (vermiculita, ceniza…) puede ser lo suficientemente lento para evitar el agrietado del acero carbono central ( por tanto válido para evitar el agrietado) pero nunca nos llevará a obtener una hoja con recocido de regeneración, y con toda seguridad el acero inox de los laterales, en caso de ser templable, tendrá una dureza considerable (pese a presentar una estructura macroscópica grosera) y por tanto cierta fragilidad.

   Como curiosidad comentaros que devolver a la normalidad la estructura de estos aceros inox después de un caldeo no es ni fácil ni barata, ya que suele requerir de prolongadísimos ciclos térmicos que en ocasiones no son efectivos, ya que algunos aceros inox presentan un estado “grosero” casi irreversible con medios convencionales, por no decir que este ciclado afectaría negativamente al acero del núcleo. Tampoco es algo que deba preocuparnos demasiado, ya que estos laterales inox quedarán dúctiles tras el temple de la hoja, debido a la baja temperatura usada para endurecer el acero central.

Mi bidón de vermiculita

 

   Otro análisis interesante sería el que estudie cual de las dos formas de enfriar el paquete caldeado es más rentable para un taller artesano. La cuchillería japonesa utiliza ceniza y vermiculita con mucho éxito, si bien es cierto que no es habitual que hagan caldeos inox-carbono en los talleres. Eso será tema para otra ocasión.

 

Un saludo.

A.Castro

 
 
 
 
 
 
 

           

 

  

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